07/02/2017 Imagen de la Falkland Islands Company (FIC), uno de los símbolos principales de la presencia británica en el archipiélago. El dominio británico sobre las Islas Malvinas es uno de los últimos vestigios del colonialismo. La lucha por su soberanía, reclamada por Argentina, ha supuesto verdaderos quebraderos en las relaciones entre ambos países, con la […]
Pekín avanza sus pasos para ocupar el vacío que dejará el nuevo proteccionismo estadounidense
MACARENA VIDAL LIY
Pekín 28 ENE 2017 – 13:56 ART
En una de las últimas actividades del Gobierno chino antes de la pausa por el Año Nuevo lunar, el primer ministro, Li Keqiang, habló por teléfono con la canciller alemana, Angela Merkel. El mensaje: que ambos países deben garantizar la estabilidad del sistema económico internacional ante los actuales “momentos de incertidumbre” en el mundo. Unos tiempos que se han precipitado con la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump y que han abierto una oportunidad a Pekín para dibujarse como baluarte del orden mundial.
Ya había sentado las bases el presidente chino, Xi Jinping, en su discurso en Davos apenas tres días antes de la investidura de Trump en Washington, cuando lanzó una encendida defensa de la globalización económica, el libre comercio y la lucha contra el cambio climático.
Y el propio Li defendía, en un artículo para Bloomberg Businessweek, que China “ofrece un ancla de estabilidad y crecimiento con su mensaje consistente de apoyo a las reformas, apertura y libre comercio”. “Seguimos convencidos de que la apertura económica beneficia a todos, en casa y en el exterior”.
Durante su mandato, Xi Jjinping se ha convertido en uno de los líderes chinos más viajeros de su historia reciente. En momentos en los que la ONU aparece desgastada, ha ofrecido apoyo, financiación y tropas. Ha sido anfitrión de la cumbre anual del G-20, ha propuesto nuevos acuerdos comerciales, ha creado un nuevo banco de desarrollo —el BAII— y quiere desarrollar una red de infraestructuras que conecte China con Occidente, la “Nueva Ruta de la Seda”.
Pero hasta ahora nunca China se había propuesto de manera tan explícita como líder global alternativo. Pekín asegura que no es un papel que haya buscado: si en 2008 la crisis financiera le convirtió en protagonista de la economía mundial, ahora la declaración de “América Primero” de Trump ha forzado los acontecimientos. “No es que China haya querido adelantarse corriendo, sino que los que estaban delante han dado un paso atrás y le han dejado el puesto a China”, declaraba esta semana el director de Economía Internacional del Ministerio de Exteriores, Zhang Jun. En cualquier caso, ha precisado Zhang, “si se requiere que China adopte ese papel de liderazgo, China asumirá sus responsabilidades”.
Los proyectos de pactos comerciales propuestos por China —conocidas por las iniciales RCEP y FTAAP— languidecían frente al TPP hasta que Trump ha firmado una orden ejecutiva que retira a EE UU de ese tratado que la Administración Obama impulsó como clave para apuntalar la influencia de su país en Asia-Pacífico. Ahora el interés en ellos se ha visto renovado; y países como Australia sugieren que China sería bienvenida en el TPP.
“Es preferible, muy preferible, que los países intercambien bienes y servicios y se vinculen mediante alianzas de inversión que intercambiar comentarios sardónicos y construir barreras”, sostiene Li en su artículo. Pekín tiene previsto organizar en mayo una cumbre por todo lo alto con los países interesados en la “Nueva Ruta de la Seda”, en una iniciativa para promover su sector de infraestructuras y para exhibir músculo diplomático.
Además de sus garantías comerciales, el Gobierno de Xi Jinping asegura que también mantendrá sus compromisos y su liderazgo en la lucha contra el cambio climático, frente al negacionismo de la nueva Administración de EE UU. “Mi presidente ha dejado claro, claro como el cristal, que China cumplirá su parte”, ha dicho el director de Organizaciones y Conferencias Internacionales del Ministerio de Exteriores, Li Junhua, citado por Reuters.Este nuevo protagonismo global representa un refuerzo muy bienvenido para Xi, que, en el terreno interno, encara el próximo otoño una delicada renovación de las estructuras de mando del régimen en el 19º Congreso del Partido Comunista de China.Pero las proclamaciones de apoyo al orden internacional no dejan de ser contradictorias. Las reformas económicas que Xi ha prometido aún no se han materializado, en su mayoría. Las cámaras de comercio extranjeras señalan que, pese a las palabras de apoyo al libre comercio, China aún protege amplios sectores de su economía interna. Las alabanzas a la conectividad que el presidente chino pronunció en Davos encuentran una China donde existe la censura e Internet se encuentra férreamente controlado. Reporteros Sin Fronteras sitúa al país en el puesto 176, de un total de 180, en cuanto a libertad de prensa. Mientras el presidente hablaba en Suiza, se divulgaba el testimonio del abogado de derechos humanos Xie Yang sobre las torturas padecidas en su detención.Y sus llamamientos a la cooperación pueden verse puestos a prueba si Trump y su equipo cumplen sus promesas hacia Pekín: imponer aranceles del 45%, bloquear el acceso a las islas artificiales en el mar del Sur de China que este país considera parte de su territorio y abandonar la política de “Una Sola China” en favor de Taiwán si el Gobierno de Xi no hace concesiones por su parte. Hasta el momento, Pekín se ha limitado a reclamar a Washington que tenga cuidado. “Unas relaciones sanas, estables y desarrolladas entre China y EE. UU. benefician a ambos pueblos y a todo el mundo”, ha declarado la portavoz de Exteriores Hua Chunying.

Niza ha sido el último escenario del horror en Francia.
A pesar de que la nación europea no participó en las invasiones de Afganistán e Irak, lideradas por EE.UU., y de que sus incursiones aéreas contra el grupo autodenominado Estado Islámico son reducidas, las ciudades de la nación más turística del mundo han sido blanco de graves ataques en los últimos meses.
En apenas año y medio se han producido las matanzas de la revista Charlie Hebdo y un supermercado judío en Paris, la decapitación de un empresario en Lyon, el ataque en un tren que resultó frustrado por tres pasajeros, la masacre coordinada de yihadistas suicidas en la capital en la que murieron 130 personas y ahora, Niza.En la ciudad mediterránea murieron el jueves al menos 84 personas arrolladas por un camión conducido por un hombre francés de ascendencia tunecina.
El sábado, Estado Islámico se adjudicó el ataque, asegurando que Mohamed Lahouaiej, el tunecino que manejaba el camión, era uno de sus “soldados” y que había actuado en respuesta al llamado del grupo para atacar a países que participan en la coalición internacional contra los yihadistas en Siria e Irak.
Desde los atentados contra las torres gemelas de Nueva York (EE.UU.) en 2001,ningún otro país occidental ha sido objetivo del extremismo islámico como Francia. Y no parece ser una coincidencia.
“Aplasta su cabeza con una roca, degüéllalo con un cuchillo, atropéllalo con tu automóvil o empújalo desde un lugar elevado”, dijo en setiembre de 2014 Abu Mohamed al Adnani, portavoz del autodenominado Estado Islámico para alentar el asesinato de “infieles occidentales”.
Luego agregó: “Especialmente a los rencorosos y sucios franceses”.
Algunos de los atacantes suicidas que golpearon Paris en noviembre de 2015 dijeron que lo hacían en represalia por la participación francesa en la coalición que bombardea a Estado islámico en Siria e Irak.
Esta explicación, sin embargo, es insuficiente.
Yihad contra la Ilustración
En términos simbólicos, para el extremismo islámico, Francia es incluso un enemigo más peligroso que Estados Unidos.
Los valores de la Ilustración francesa que se esparcieron por el mundo occidental desde el siglo XVIII han inspirado los sistemas laicos en los que religión y estadono sólo están separados sino incluso enfrentados.
“La Francia moderna tiene una fuerte tradición, especialmente en París, de oponerse a la religión organizada y hasta satirizar sus pretensiones”, señaló John Bowen, profesor de Antropología de la Universidad de Washington, entrevistado por la revista Time.
Esta tradición fue atacada con la incursión a las oficinas de la revista Charlie Hebdo en 2015, que había publicado caricaturas del profeta Mahoma.
Por su parte, el exministro socialista francés Jack Lang, quien actualmente dirige el Instituto del Mundo Árabe en Paris, señaló a el diario El País que los recientes atentados son “un ataque a nuestros valores,no sólo los de Francia, sino los de todos los países que comparten la fe en la democracia, la tolerancia y el valor del ser humano“.
El extremismo en casa
En 2015 el Ministro del Interior Francés advirtió que más de 1.200 ciudadanos de ese país pretendían unirse a grupos islámicos radicales. Un número mayor que en cualquier otra nación europea.
Cientos lo consiguieron y tras los bombardeos de la coalición en Siria e Irak, se calcula que muchos de ellos regresaron a su país.
Aunque en Francia está prohibido preguntarle a alguien la religión que profesa, el Instituto Brookings de Investigación calcula en 5 millones su población islámica.Esta cifra representa la tercera parte de todos los musulmanes de la Unión Europea.
El instituto concluye que existe una marcada brecha económica y social que perjudica de manera notoria a esta minoría y califica de “desempleo desproporcionado” el que sufren los migrantes de países islámicos.
Estos complejos problemas de integración se agravan con la política externa francesa.
Según el antropólogo John Bowen, Francia “aún interviene económica y militarmente para proteger sus intereses en sus antiguas colonias en África y Medio Oriente”, que son justamente los países de origen de mucha de su población migrante.
Bowen señala que Estado Islámico aprovecha este escenario para reclutar militantes “en defensa de sus hermanos y hermanas” en Siria e Irak.
El periodista de la BBC, Frank Gardner observa incluso que entre los máximos líderes de Estado Islámico hay dos franceses “cuyo principal objetivo es golpear asu país de origen“.
En noviembre de 2014, esta organización publicó un video en el que llamó a los franceses musulmanes que no podían viajar a Medio Oriente a ejecutar atentados en su propio país.
Provocando a la extrema derecha
Suena contradictorio, pero uno de los objetivos de Estado Islámico sería ayudar a la extrema derecha en Francia a llegar al poder.
Entrevistado por el diario francés Le Monde, el politólogo Gilles Kepel, advierte que el extremismo islámico pretende provocar “el linchamiento de musulmanes, los ataques a mezquitas y las agresiones a mujeres con velo, para provocar así unaguerra entre enclaves que siembren el fuego y la sangre en Europa”.
El discurso de diversos movimientos de extrema derecha, como el Frente Nacional, insiste en la supuesta incompatibilidad entre los valores nacionales y los del Islam, y durante los últimos años, en coincidencia con los ataques en Francia,su popularidad ha ido en aumento.
Incluso un grupo joven llamado Génération Identitaire ha ganado protagonismo. Se describen a sí mismos como “una reacción a la generación liberal de sus padres que vendieron el país y su futuro a los migrantes”.
La extrema derecha en el poder, advierten diversos especialistas, radicalizaría a la sociedad y podría empujar a miles de jóvenes musulmanes a engrosar las filas de Estado Islámico. Esta posibilidad no es descabellada.
Como señala John Simpson, editor de asuntos internacionales de la BBC, lasensación de inseguridad se ha profundizado en Francia, y también la desaprobación de sus autoridades.
“Los franceses se preguntan si su país es tan bueno enfrentando este problema como lo son Estados Unidos o Reino Unido”, observa Simpson.
La mayor duda en Francia no parece ser si habrá otro atentado sino cuándo se producirá el próximo.
Fuente: RedacciónBBC Mundo
By Thomas L. Friedman
TEL AVIV — One of the most popular shows on Israeli TV is called “Eretz Nehederet” or “A Wonderful Country.” It’s a comedy show that lives to make fun of Israeli politicians and the absurdities of life here. It recently opened its 2014 season with a cartoon graphic of a beautiful, multicolored, flower-filled garden with a butterfly fluttering across the screen. Then, suddenly, a concrete wall rises up all around the garden, which was an image the producers used last year. But this season not only does the wall emerge but a glass dome rises out of the wall and seals off this Garden of Eden from above as well.
This scene is noteworthy for a couple of reasons: I’ve long believed that the Israeli-Arab conflict is to the wider global war of civilizations what Off Broadway is to Broadway. It is the small laboratory where trends get tested out first, or are perfected, and then go global — from airline hijacking to suicide bombing to the attempt, through force and rebuilding, to create a negotiating partner out of a traditional foe (Israel in Lebanon 1982 and with the Palestinians in the Oslo process; America in Iraq and Afghanistan).
So it is useful to ask: What’s playing Off Broadway now? What do you see? You see Israel, as in the “Eretz Nehederet” skit, literally trying to wall itself off from the multiplying threats around it and contending with all the ethical dilemmas that entails. And you see a wider region that is no longer divided along pro-U.S. and pro-Soviet lines, socialist or capitalist, secular or religious. You see instead a region increasingly divided between “the world of order” and “the world of disorder.”
What Israel, Jordan, Saudi Arabia, Kurdistan, Turkey, the Gulf states and even to a lesser degree the Palestinian Authority in the West Bank all have in common is that they are islands of order, where at least there is someone to answer the phone, it doesn’t come off the wall when they do and there is a minimum of human security.
That is less and less true today in Syria, Libya, Egypt, Yemen, Lebanon and Iraq, not to mention nearby Somalia, Eritrea and northern and southern Sudan.
Guess how many African migrants, mostly from South Sudan, Eritrea and Uganda, have entered Israel in recent years and are here illegally: 54,000! Stroll around the Central Bus Station in Tel Aviv, where many have found shelter, and you’ll see African men on cellphones on every street. They sailed, walked or drove to Israel’s borders and either slipped in on their own or were smuggled in by Bedouins across Egypt’s Sinai Desert. That’s why the latest fence Israel has built is along the Israel-Sinai frontier. The Sinai is so out of control that last week Islamist militants shot down an Egyptian military helicopter there with a surface-to-air missile believed to have been smuggled in from Libya after Muammar el-Qaddafi’s arsenals were broken into during his overthrow.
I chatted with a Christian Eritrean — “Mark,” age 26 — who opened a makeshift clothing and Internet shop near the bus station. Sitting under a Bob Marley poster, he told me that he had fled from Eritrea’s brutal government to Ethiopia, then to Sudan, then to Libya, tried to sail to Italy but got turned back and eventually walked to Israel. He’s now living here illegally with his father, he said, because Israel has the “most security.”
I wonder if the torrid pace of technological change, the rising education demands for running a successful economy, the superempowerment of individuals to organize as militants or come together against corrupt governments and environmental and population stresses aren’t putting unbearable pressure on fragile states — particularly multisectarian and multitribal ones — and literally blowing them apart. And there is no Soviet Union or America to hold them together as in the Cold War.
The PowerPoint maps that Israeli military briefers use for Sinai, Gaza, Lebanon and Syria today consist of multicolored circles, and inside each are clusters of different armed groups. Israel is like a Petri dish of the new world, with nonstate actors, armed with rockets, dressed as civilians and nested among civilians on four out of its five borders: Sinai, Gaza, Lebanon and Syria.
By Robert D. Kaplan
What is a dictator, or an authoritarian? I’ll bet you think you know. But perhaps you don’t. Sure, Adolf Hitler, Joseph Stalin, and Mao Zedong were dictators. So were Saddam Hussein and both Hafez and Bashar al Assad. But in many cases the situation is not that simple and stark. In many cases the reality — and the morality — of the situation is far more complex.
Deng Xiaoping was a dictator, right? After all, he was the Communist Party boss of China from 1978 to 1992. He was not elected. He ruled through fear. He approved the massacre of protesters at Tiananmen Square in Beijing in 1989. But he also led China in the direction of a market economy that raised the standard of living and the degree of personal freedoms for more people in a shorter period of time than perhaps ever before in recorded economic history. For that achievement, one could arguably rate Deng as one of the greatest men of the 20th century, on par with Winston Churchill and Franklin D. Roosevelt.
So is it fair to put Deng in the same category as Saddam Hussein, or even Hosni Mubarak, the leader of Egypt, whose sterile rule did little to prepare his people for a more open society? After all, none of the three men were ever elected. And they all ruled through fear. So why not put them all in the same category?
Or what about Lee Kuan Yew and Zine El Abidine Ben Ali? During the early phases of Lee’s rule in Singapore he certainly behaved in an authoritarian style, as did Ben Ali throughout his entire rule in Tunisia. So don’t they both deserve to be called authoritarians? Yet Lee raised the standard of living and quality of life in Singapore from the equivalent of some of the poorest African countries in the 1960s to that of the wealthiest countries in the West by the early 1990s. He also instituted meritocracy, good governance, and world-class urban planning. Lee’s two-volume memoir reads like the pages in Plutarch’s Lives of the Noble Grecians and Romans. Ben Ali, by contrast, was merely a security service thug who combined brutality and extreme levels of corruption, and whose rule was largely absent of reform. Like Mubarak, he offered stability but little else.
You get the point. Dividing the world in black and white terms between dictators and democrats completely misses the political and moral complexity of the situation on the ground in many dozens of countries. The twin categories of democrats and dictators are simply too broad for an adequate understanding of many places and their rulers — and thus for an adequate understanding of geopolitics. There is surely a virtue in blunt, simple thinking and pronouncements. Simplifying complex patterns allows people to see underlying critical truths they might otherwise have missed. But because reality is by its very nature complex, too much simplification leads to an unsophisticated view of the world. One of the strong suits of the best intellectuals and geopoliticians is their tendency to reward complex thinking and their attendant ability to draw fine distinctions.
Fine distinctions should be what geopolitics and political science are about. It means that we recognize a world in which, just as there are bad democrats, there are good dictators. World leaders in many cases should not be classified in black and white terms, but in many indeterminate shades, covering the spectrum from black to white.
More examples:
Nawaz Sharif and his rival, the late Benazir Bhutto, when they alternately ruled Pakistan in the 1990s were terrible administrators. They were both elected by voters, but each governed in a thoroughly corrupt, undisciplined and unwise manner that made their country less stable and laid the foundation for military rule. They were democrats, but illiberal ones.
The late King Hussein of Jordan and the late Park Chung Hee of South Korea were both dictators, but their dynamic, enlightened rules took unstable pieces of geography and provided them with development and consequent relative stability. They were dictators, but liberal ones.
Amid this political and moral complexity that spans disparate regions of the Earth, some patterns do emerge. On the whole, Asian dictators have performed better than Middle Eastern ones. Deng of China, Lee of Singapore, Park of South Korea, Mahathir bin Mohammad of Malaysia, Chiang Kai-Shek of Taiwan were all authoritarians to one degree or another. But their autocracies led to economic and technological development, to better governance, and to an improved quality of life. Most important, their rules, however imperfect, have overall better positioned their societies for democratic reforms later on. All of these men, including the Muslim Mahathir, were influenced, however indirectly and vaguely, by a body of values known as Confucianism: respect for hierarchy, elders, and, in general, ethical living in the here-and-now of this world.
Contrast that with Arab dictators such as Ben Ali of Tunisia, Mubarak of Egypt, Saddam of Iraq, and the al Assads of Syria. Ben Ali and Mubarak, it is true, were far less repressive than Saddam and the elder Assad. Moreover, Ben Ali and Mubarak did encourage some development of a middle class in their countries. But they were not ethical reformers by any means. Of course, Saddam and al Assad were altogether brutal. They ran states so suffocating in their levels of repression that they replicated prison yards. Rather than Confucianism, Saddam and al Assad were motivated by Baathism, a half-baked Arab socialism so viciously opposed to Western colonialism that it created a far worse tyranny of its own.
Beyond the Middle East and Asia there is the case of Russia. In the 1990s, Russia was ruled by Boris Yeltsin, a man lauded in the West for being a democrat. But his undisciplined rule led to sheer economic and social chaos. Vladimir Putin, on the other hand, is much closer to an authoritarian — and is increasingly so — and is consequently despised in the West. But, helped by energy prices, he has restored Russia to some measure of stability, and thus dramatically improved the quality of life of average Russians. And he has done this without resorting to the level of authoritarianism — with the mass disappearances and constellation of Siberian labor camps — of the czars and commissars of old.
Finally, there is the most morally vexing case of all: that of the late Chilean dictator Augusto Pinochet. In the 1970s and 1980s, Pinochet created more than a million new jobs, reduced the poverty rate from a third of the population to as low as a tenth, and the infant mortality rate from 78 per 1,000 to 18. Pinochet’s Chile was one of the few non-Asian countries in the world to experience double-digit Asian levels of economic growth at the time. Pinochet prepared his country well for eventual democracy, even as his economic policy became a model for the developing and post-Communist worlds. But Pinochet is also rightly the object of intense hatred among liberals and humanitarians the world over for perpetrating years of systematic torture against tens of thousands of victims. So where does he fall on the spectrum from black to white?
Not only is the world of international affairs one of many indeterminate shades, but it is also one in which, sometimes, it is impossible to know just where to locate someone on that spectrum. The question of whether ends justify means should not only be answered by metaphysical doctrine, but also by empirical observation — sometimes ends do justify means, sometimes they don’t. Sometimes the means are unconnected to the ends, and are therefore to be condemned, as is the case with Chile. Such is the intricacy of the political and moral universe. Complexity and fine distinctions are things to be embraced; otherwise geopolitics, political science, and related disciplines distort rather than illuminate.
A pesar de las masivas protestas del movimiento estudiantil, es donde más lejos llegan los pobres. Argentina está segundo, pero es el que menos avanzó en los últimos diez años.
Las imágenes de los estudiantes chilenos enfrentándose con la Policía en reclamo de una educación pública y gratuita se volvieron muy recurrentes en los últimos años. También las historias de familias que comprometen su situación endeudándose para pagar la universidad de sus hijos.
Esto hacía suponer que Chile tenía un sistema educativo sumamente desigual, en el que los ricos accedían masivamente a una educación de calidad, mientras que los pobres debían dejar rápidamente truncas sus ilusiones de superación personal.
Sin embargo, las estadísticas muestran un panorama muy diferente. Chile es el país de América Latina con mayores niveles de equidad educativa, según SEDLAC (Socio-Economin Database for Latin America and the Caribbean), que depende del Banco Mundial y de la Universidad de La Plata, y que se basa en los datos oficiales de 18 países de la región.
El coeficiente de Gini mide de 0 a 1 el grado de desigualdad en la distribución de determinados valores. Aplicado a la cantidad de años de estudio alcanzado por los jóvenes de distintos sectores de la sociedad, Chile es el que mejor se ubica en América Latina, con 0,12 (ver gráfico 1). Lo siguen Argentina, con un Gini de 0,14; Uruguay con 0,19 y Perú, Panamá y Venezuela con 0,2.
En el extremo opuesto se ubican los países centroamericanos, que, con la excepción de Panamá, tienen índices que van de 0,23 a 0,39. Son República Dominicana, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Guatemala.
Chile es también el país con mayor nivel educativo entre sus jóvenes de 21 a 30 años (ver gráfico 2): su población estudia una media de 12,5 años. Además, es el país en el que aquellos de menores recursos llegan más lejos en el sistema educativo, ya que en el primer quintil de ingresos (el 20% que menos gana) promedian 11 años de estudio.
Argentina queda también en segundo lugar en ambos rubros. Con 12 años de estudio promedio en todas las personas de 21 a 30 años, y 10,3 entre las pertenecientes al primer quintil de ingresos.
Entre los más pobres la siguen Venezuela con 9,3, y Bolivia y Ecuador con 8,9. Nuevamente, los de peor rendimiento son los centroamericanos: Costa Rica, El Salvador, Honduras y Guatemala, donde el primer quintil promedia menos de 4 años de estudios.
“El sistema de educación superior chileno abarca al 40% de los jóvenes de 18 a 24 años. Es una cobertura bastante alta para la región. Según los quintiles de ingreso, es del 18% para el primero, 22% para el segundo y 26% para el tercero”, explica Sebastián Donoso, doctor en Educación e investigador de la Universidad de Talca, en diálogo con Infobae.
Pero para hacer un análisis más completo del estado de la desigualdad educativa en la región no alcanza con ver la foto de la actualidad. Es necesario analizar el proceso, cómo fue la evolución en los últimos años.
El país que más avanzó entre 2001 y 2011 (último año del que hay datos oficiales en la mayoría de los casos) fue Bolivia, ya que, en ese lapso, el tiempo de estudio promedio entre los jóvenes aumentó 3 años. Los que le siguen en mejoramiento de la media de estudio son Brasil, donde se incrementó 2,4 años, y Perú, República Dominicana y Venezuela, que crecieron 2,2 años.
Es lógico que en un contexto mundial de expansión de la matrícula secundaria y universitaria, el aumento más pronunciado se manifieste en los países que tenían excluida del sistema educativo a amplios sectores de la población, y que en aquellos países más avanzados, el crecimiento se desacelere.
Pero mientras que Chile, que ya era el de mejor rendimiento hace una década, siguió avanzando y consiguió que lo jóvenes de menores ingresos alcanzaran 1,2 años más de estudio (ver gráfico 3), Argentina quedó completamente estancada. En el primer quintil el incremento fue de apenas 0,3 años, y en la totalidad de los jóvenes fue de 0,2.
Es decir que la situación de privilegio en la que aún se encuentra Argentina se explica más por su historia, por haber sido pionera en la escolarización de su población, que por su presente. Si la tendencia persiste en los próximos años, no sería extraño que países como Bolivia, Venezuela y Perú terminen superándola.

Claves para entender la desigualdad educativa:
Más allá de los casos exitosos, y de los avances producidos en los últimos años, basta ver los gráficos para notar que la desigualdad sigue siendo un serio problema en la región.
Chile está lejos de haber solucionado sus problemas educativos. Por ejemplo, en lo que respecta a los altos niveles de deserción que afectan a los sectores de menores ingresos, que si bien llegan a la universidad en una mayor proporción, tienen serias dificultades para graduarse.
“Las tasas regulares de fracaso en la educación superior (estudiantes que ingresan y no siguen estudiando después de 2 años y medio) son del orden del 30%. Al menos la mitad de ellos pertenece a los primeros quintiles”, cuenta Donoso.
Una de las principales causas de este fracaso se relaciona con la escasez de recursos económicos de los alumnos de los primeros quintiles. “Hay muchos estudiantes que se ven obligados a trabajar y a estudiar -dice Donoso-. Además suelen vivir más lejos y tienen que viajar más tiempo, y el valor de la educación superior en Chile es muy alto, por más que haya sistemas crediticios. Las familias se endeudan y no les alcanzan los recursos”.
Si bien las desigualdades económicas parecen las más determinantes, muchos estudios demuestran que las desigualdades en el reparto de recursos educativos suelen ser aún más importantes.
¿De dónde salen esos recursos? De las familias. Aquellos estudiantes con padres que pasaron por la universidad ya manejan sus códigos lingüísticos y de comportamiento antes de ingresar, además de tener en casa en quien apoyarse para saber cómo encarar ese mundo. En cambio, los alumnos de primera generación están completamente solos, frente a un contexto que les resulta desconocido.
“La reprobación, el lento ritmo de avance y finalmente la deserción ocurren en gran medida por dificultades académicas. Aquí la cuestión es la brecha entre el capital cultural esperado por las instituciones y el real de buena parte del alumnado”, dice a Infobae la psicóloga Ana María Ezcurra, doctora en Estudios Latinoamericanos, Ciencias Políticas y Sociales, y Directora General del Instituto de Estudios y Acción Social.
La brecha se produce porque las instituciones académicas presumen que los estudiantes poseen los conocimientos prácticos y teóricos necesarios para aprender disciplinas complejas. Pero nadie nace con ese capital cultural*, sino que se adquiere en los primeros años de vida si uno crece en un contexto familiar con experiencia en instituciones educativas. Los que no crecen en ese marco, que son la mayoría, ingresan a la universidad sin los conocimientos que ésta da por sabidos.
Por eso no es extraño que las instituciones educativas sean incapaces de revertir esas desigualdades. En América Latina, sólo el 3,1% de los jóvenes con padres que no terminaron la escuela primaria llega a concluir el ciclo superior, según el Panorama Social 2007 de la Cepal. En cambio, el 71,6% de quienes concluyen el ciclo superior tienen padres que también lo terminaron.
Cómo combatir la desigualdad en la distribución de capital cultural:
“Lo más efectivo que hicimos fue implementar programas propedéuticos de asistencia a estudiantes, con sistemas de apoyo en habilidades cognitivas y tutores con los cuales conversar y tener un vínculo más directo. Fueron exitosos para aquellos que no tienen la práctica social ni manejan los códigos de la educación superior”, cuenta Donoso.
Pero no alcanza con estrategias que estén focalizadas en los alumnos con dificultades, ya que el problema es de la institución, que niega sus necesidades.
“Tiene que haber una reforma educativa que mire al conjunto. Hay que dar al primer año una prioridad real, a por medio de una asignación sustancial de recursos humanos y financieros”, dice Ezcurra.
“Se pueden establecer seminarios de primer año que apunten al desarrollo del capital cultural en el punto de partida, pero vinculados al resto de la currícula. Hay que disminuir la fragmentación mediante la creación de comunidades de aprendizaje”, agrega. Pero mientras que las instituciones educativas y el Estado no reconozcan el problema ni asuman lo profundas que son las desigualdades educativas y culturales existentes en la sociedad, difícilmente puedan resolverlo.
Fuente: Infobae, Darío Mizrahi
Aunque estos días no lo parece, Gibraltar es un asunto que preocupa muy poco a la opinión pública británica. La gran mayoría cree que las 30.000 personas que ostentan la nacionalidad gibraltareña viven gracias a la caridad británica y que el valor estratégico que tenía el Peñón en el pasado ha perdido su vigencia en el siglo XXI. ¿Significa eso que no les importaría que el Gobierno de Su Majestad renunciara a ese minúsculo territorio y se lo devolviera a España? Bueno, eso no está tan claro. El patriotismo es una de las características fundamentales del británico y una cosa es pasar de Gibraltar y otra muy distinta entregarlo a un país tercero.
El patriotismo se inflama con gran facilidad cuando hay algo que hace prender ese volátil combustible. En este caso, la mecha son los exhaustivos controles que España imponer en la verja y que Downing Street considera políticos y desproporcionados. Ante lo que Londres ve como represalia de un país extranjero contra ciudadanos protegidos por la corona, el patriotismo se hincha con pasmosa facilidad.
El ejemplo más claro de patriotismo súbito es el de las islas Malvinas. Los británicos llegaron a plantearse en los años 70 ceder a Argentina la soberanía sobre el territorio, pero cuando el general Galtieri invadió el archipiélago en 1982, las Malvinas se convirtieron en una cuestión de orgullo nacional y el país cerró filas en torno a Margaret Thatcher para recuperar a sangre y fuego aquel remoto territorio casi deshabitado: una media de 0,26 habitantes por kilómetro cuadrado.
Gibraltar es más cercano a los británicos que las Malvinas, unas islas que casi nadie sabía donde estaban la noche anterior al desembargo argentino. Pero también el Gobierno estuvo a punto de cederlo, en parte, a España durante las negociaciones de 2002 para compartir la soberanía. En aquella ocasión no se trataba de una agresión extranjera, sino de unas negociaciones. En esos casos el patriotismo no se inflama solo. Alguien ha de hacer saltar chispas para que prenda el fuego. Y en esa tarea, los gibraltareños son maestros: el poderoso lobby gibraltareño en Londres se puso manos a la obra de forma inmediata para frenar la operación.
Ese lobby tiene nombre y apellido: su alma máter es Albert Poggio. Nacido en el campo de refugiados gibraltareños en Ballymena (Irlanda del Norte) en 1945, criado en el Peñón y desde los 11 años en Londres, Poggio pasó la infancia en Gibraltar pero conoce Londres como la palma de sus manos desde los 11 años y se pasea por el palacio de Westminster con más soltura que muchos lores y diputados.
El lobby gibraltareño tiene una gran presencia pública, pero nada es tan efectivo como la persuasión británica y el gracejo andaluz del llanito Poggio, que sabe siempre qué tecla mediática, parlamentaria o ministerial conviene tocar en cada momento. Quizás su momento cumbre fue precisamente en 2002, cuando la campaña política, mediática y publicitaria que puso en marcha acabó facilitando el fracaso de las negociaciones sobre cosoberanía de los Gobiernos de José María Aznar y Tony Blair. No faltaron viajes de parlamentarios al Peñón a gastos pagados ni una llamativa campaña publicitaria con docenas de taxis londinenses proclamando el carácter británico de Gibraltar. Esta crisis, sin embargo, es algo distinta a otras anteriores por el protagonismo que está teniendo el primer ministro, David Cameron. Normalmente, el primer ministro no suele mancharse demasiado las manos en defensa del Peñón, una tarea que suele encomendar al jefe del Foreign Office. Pero Cameron está estos días en primera fila de la batalla de la propaganda con España. Quizás eso se deba al sesgo más patriótico y nacionalista que está tomando la política británica en los últimos dos años, al calor del debate sobre la Unión Europea y de la irrupción del antieuropeo Partido por la Independencia de Reino Unido (UKIP) en el escenario electoral.
Quizás se deba también a la hiperactividad mediática que está mostrando el primer ministro este verano. Con los conservadores en auge en los sondeos en las últimas semanas y la economía recuperándose, David Cameron no pierde oportunidad para opinar de lo que haga falta. Desde los ciclistas en Londres al cuidado de gatos y perros, la polémica técnica del fracking para extraer gas, la campaña de Stephen Fry en defensa de los homosexuales en Rusia, la responsabilidad de las redes sociales frente a los abusos, el Ramadán, la economía, el primer hijo de los duques de Cambridge, la protección de los niños frente a la pornografía en Internet, la economía, el críquet… y, como no, Gibraltar.
Fuente: El País. Walter OPPENHEIMER
El Reino Unido enviará al portaaeronaves HMS «Illustrious» a unas maniobras en el Mediterráneo que tendrán lugar a finales de este mes y que muy probablemente le llevarán al puerto de Gibraltar acompañado de dos fragatas, de las que solo se conoce el nombre de la HMS «Westminster», según recoge el diario británico «The Daily Telegraph».
No se trata de un gesto más, sino de una decisión cargada de todo el simbolismo posible: el HMS «Illustrious» es el buque insignia de la Royal Navy y además participó -con la guerra de las Malvinas (o Falklands, según se mire) ya concluida- en el despliegue posterior británico para asegurar las Malvinas y su espacio aéreo. El 28 de agosto de 1982 reemplazó al HMS «Invincible», que da nombre a la clase a la que pertenece este portaaronaves, destinado sobre todo a portar helicópteros ahora.
En la página oficial de la Armada británica se destacaba ya que el HMS «Illustrious» pasaría desplegado en 2013 fuera de su base de Porstmouth ocho meses. Botado en 1978 y asignado a la Armada británica en junio de 1982 está previsto que se dé de baja el año que viene. De 22.000 toneladas, cuenta con una tripulación de unos 685 militares. Cuenta con 22 helicópteros a bordo: entre ellos, AH-64D, o Westland Apache AH Mk.1
El diario británico -que se hace eco de la noticia del despliegue naval británico a finales de mes en aguas mediterráneas- destaca que dichas maniobras «Cougar 2013» estaban previstas con anterioridad a la escalada de la tensión diplomática entre España y Reino Unido a cuenta de Gibraltar.
En 2012, buques franceses y británicos participaron en las maniobras «Cougar 2012» que tenían como objetivo un desembarque en costa, maniobras combinadas con fuerzas de dos flotas, operaciones de desembarco en las costas de la isla de Cerdeña y también en Albania y Turquía. En esas mismas maniobras participó el HMS «Illustrious» e incluso sus helicópteros realizaron maniobras de tiro en las proximidades al Peñón de Gibraltar.
Resta por ver si finalmente el buque insignia de la Armada británica atraca en Gibraltar. Si así fuera, el gesto sería de suma importancia: el buque insignia de la Royal Navy, una vez desplegado en las Malvinas (o Falklands), anclado por unos días en Gibraltar…. aunque sea a millas náuticas de distancia, ya que su calado le impide fondear en plenas aguas del Peñón.
Fuente: ABC. Esteban Villarejo
Después de tres años, y sin grandes expectativas, israelíes y palestinos volvieron este lunes a la mesa de negociaciones, bajo la tutela de Estados Unidos. Los representantes de ambos gobiernos llegaron a Washington, invitados por el secretario de Estado John Kerry, con gran oposición interna en los dos bandos, y sin más gestos o concesiones que la promesa de Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, de liberar a 104 presos palestinos condenados antes de la firma de los acuerdos de Oslo en 1993. Mucho queda por decidir en este reinicio, pero la Casa Blanca ya le ha dejado claro a ambas partes que un requisito para el éxito es que las partes en conflicto quieran la paz tanto o más que el propio Kerry.
“El trabajo más difícil de estas negociaciones está por delante”, dijo el presidente Barack Obama en un comunicado en el que anunció la reanudación de las negociaciones. “Tengo la esperanza de que tanto israelíes como palestinos acometerán a estas conversaciones con buena fe, esfuerzo y determinación”. A Washington acudieron la ministra de Justicia israelí Tzipi Livni y el negociador jefe palestino Saeb Erekat. La ronda inicial acabará hoy.
De momento, son conversaciones preparatorias, en las que los enviados establecerán el marco negociador, con formación de grupos de trabajo y protocolos de anuncios públicos. El plazo inicial para negociar es de nueve meses. La intención de la Casa Blanca es que Netanyahu y el primer ministro palestino, Mahmud Abbas, se encuentren directamente en fases ulteriores, como ya hicieron en Washington en 2010. Cuando esta primera ronda culmine, Kerry anunciará los detalles ulteriores del proceso negociador y los plazos finales.
“No es un secreto que este proceso va a ser difícil y creo que los compromisos razonables van a ser la clave para sacarlo adelante”, dijo Kerry durante una comparecencia en Washington en la que presentó a Martin Indyk como nuevo enviado especial de EE UU a Oriente Próximo. Como embajador de EE UU en Israel, Indyk fue uno de los principales artífices de la política estadounidense en la región durante la presidencia de Bill Clinton.
El proceso negociador quedó en punto muerto en 2010, después de que Netanyahu ordenara una moratoria sobre la construcción en asentamientos de colonos en Cisjordania que duró 10 meses y expiró sin que hubiera avances reales. Desde entonces ha habido varios intentos frustrados por revitalizar el proceso de paz, muchos impulsados por EE UU, pero solo el empeño de Kerry ha tenido éxito, tras seis viajes a la zona. En esta ocasión, Abbas ha accedido a volver a negociar sin más moratorias o garantías, algo que han criticado duramente varias facciones de Al Fatah, su partido.
“Una congelación no tiene por qué ser anunciada. Basta con que Netanyahu ordene que no se siga construyendo, sin más”, asegura Ghassan Khatib, analista palestino y vicepresidente de la universidad de Birzeit. “La única cosa que marcaría una diferencia, en este punto, es un freno en esas construcciones. Que se deje de ampliar los asentamientos daría indicaciones de que de verdad Netanyahu quiere la paz, que al fin y al cabo es un modo de acabar con la ocupación de los territorios palestinos”. Las conversaciones de Oslo, en 1993, ya avanzaron durante meses en secreto y sin grandes anuncios.
El domingo, Netanyahu logró que su consejo de ministros aprobara la excarcelación de los 104 presos palestinos, a pesar de una notable oposición de los sectores más derechistas de su gobierno. “Con Netanyahu es siempre mejor fijarse en lo que hace, en lugar de lo que dice. Si está tan comprometido con la paz, ¿por qué no cambia ya su gobierno y resta peso en él a los representantes de los colonos?”, opina el analista israelí Yossi Alpher. “Además, si Abbas no aceptó la oferta de Ehud Olmert en 2008, ¿cómo va a aceptar algo ahora? No creo que Netanyahu esté dispuesto a ir tan lejos como Olmert en 2008”.
Olmert, primer ministro entre 2006 y 2009, llegó a ofrecer el 93,7% de Cisjordania, anexionando a Israel los grandes bloques de asentamientos, como Ariel. A cambio, ofreció entregarle a un Estado palestino un 5,8% equivalente de zonas dentro de las fronteras del Estado israelí. Abbas podría haber logrado un túnel que conectara Gaza con Cisjordania y que Israel cediera el control de los lugares sagrados de Jerusalén a un comité internacional. Además, Olmert se comprometió a aceptar hasta 5.000 refugiados palestinos. Abbas rechazó la oferta.
Fuente: El País
La información difundida por Wikileaks en 2010, gracias a las filtraciones del soldado estadounidense Bradley Manning, destapó el modus operandi de la diplomacia estadounidense.
Estas son algunas de las informaciones más destacadas de las que se desvelaron.
» España. La Embajada de EE UU en Madrid presionó para frenar o boicotear las causas judiciales abiertas en la Audiencia Nacional contra políticos y militares estadounidenses presuntamente involucrados en casos de torturas en Guantánamo, crímenes de guerra en Irak o secuestros en los vuelos de la CIA.
EE UU ofreció 85.000 dólares por cada preso de Guantánamo que España acogiera. Madrid se había comprometido a recibir a cinco prisioneros y, ante las reticencias que mostró, Washington hizo esa oferta económica.
El embajador estadounidense en España entre 2005 y 2009, Eduardo Aguirre, analizó al Ejecutivo socialista liderado por José Luis Rodríguez Zapatero. Aguirre califica al ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, como “impredecible”. A Carmen Chacón, ministra de Defensa, la tilda de “inmadura”. De Zapatero afirmó que “siempre pone sobre la mesa todas las opciones para conseguir sus objetivos políticos a corto plazo” y que “tiene sus propios consejeros y raramente consulta asuntos clave con sus subordinados. Al haber crecido su autoestima con la permanencia en el poder, lo hace con menos frecuencia”.
» Estados Unidos. Los diplomáticos estadounidenses tenían una misión específica en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, conseguir material genético (ADN) de los altos funcionarios de la organización. Así estaba detallado en un cable de julio de 2009. Todo ello siguiendo las directrices de la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton.
» Argentina. El Departamento de Estado mostró curiosidad por la personalidad de la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner. En un cable de diciembre de 2009 se preguntaba: “¿Cómo controla Cristina Fernández de Kirchner sus nervios y su ansiedad? ¿Cómo afecta el estrés a su conducta con sus asesores y/o en su proceso de toma de decisiones? ¿Qué medidas toman CFK o sus asesores para ayudarla a manejar el estrés? ¿Toma alguna medicación? ¿Cómo le afectan las emociones en su proceso de toma de decisiones y cómo baja la tensión cuando está angustiada?”.
» México. En enero de 2009, Washington señalaba que el Ejército mexicano estaba perdiendo su guerra contra los cárteles de la droga y que las instituciones del país “a menudo se obstaculizan, la información no es compartida y las operaciones conjuntas son inexistentes”.
» Nicaragua. En mayo de 2006 Estados Unidos denunciaba que el narcotraficante colombiano Pablo Escobar había recibido ayuda del Gobierno de Daniel Ortega en la década de los ochenta. Aviones repletos de cocaína cargaban y descargaban en Managua antes de emprender camino hacia EE UU.
» Alemania. En un cable enviado en junio de 2007 desde la Embajada en Berlín, la diplomacia estadounidense considera que la canciller, la democristiana Angela Merkel, tiene una “aversión al riesgo y raramente es creativa”.
» Italia. En enero de 2009 un cable especula sobre la relación del primer ministro conservador, Silvio Berlusconi, con el entonces primer ministro ruso, Vladimir Putin. El italiano es considerado “inútil y banal” y que se ha beneficiado de una “perversa conexión” con Putin.
» Rusia. “Una cleptocracia autocrática y corrupta crece en torno al primer ministro Vladímir Putin”, analiza la diplomacia estadounidense en febrero de 2010. El entonces presidente, Dmitri Medvédev, es descrito como “el Robin” de un Putin al que compara con Batman.
» Pakistán. Diplomáticos británicos y estadounidenses temían en septiembre de 2009 que las armas nucleares en poder de Islamabad cayeran en manos de grupos terroristas islamistas. En el cable se desvela que desde 2007 EE UU había estado intentado retirar uranio altamente enriquecido de una instalación del país.
» Reino Unido-Libia. En octubre de 2008 el Departamento de Estado sabía que el exdictador libio Muamar Gadafi amenazaba con bloquear acuerdos comerciales con Londres si el terrorista responsable de los atentados de Lockerbie —el 21 de diciembre de 1988, 270 personas fallecieron cuando un vuelo entre Londres y Nueva York estalló sobre la localidad escocesa—, Abdelbaset Ali Mohamed Al Megrahi, enfermo de cáncer, moría en prisión en Reino Unido. Al-Megrahi fue puesto en libertad en 2009 y falleció el 20 de mayo de 2012 en Libia.
» Arabia Saudí. Un aliado clave de Washington en Oriente Próximo es la fuente de financiación de grupos terroristas sunís en todo el mundo. Así lo denunciaba Hillary Clinton diciembre de 2009. “Arabia Saudí sigue siendo un apoyo fundamental para Al Qaeda, los talibanes, Lashkar e Taiba, Hamás… los cuales recaudan probablemente millones de dólares durante el Ramadán”.
» Irán. En noviembre de 2009 la diplomacia advertía de que líderes árabes desean que EE UU ataque a Irán para detener su programa nuclear.
Fuente: El País
Tres años después de que fuera detenido en Irak en mayo de 2010, el soldado Bradley Manning, se libró este martes de la cadena perpetua por haber filtrado la mayor cantidad de documentos secretos —700.000, militares y diplomáticos— de la historia de Estados Unidos, pero no eludirá la cárcel. La juez militar encargada del caso, la coronel Denise Lind, absolvió a Manning, de 25 años, del delito de ayudar al enemigo, el más grave de los 22 cargos que pesaban sobre él, pero lo encontró culpable de otros 20 —que incluyen espionaje, fraude informático y robo—, unos crímenes que atentan contra la Ley de Espionaje y por por los que el uniformado podría pasar hasta 136 años en prisión. El veredicto supone un duro revés para el Pentágono que con la grave acusación de ayuda al enemigo perseguía disuadir a otros potenciales soplones del Ejército de seguir el ejemplo de Manning.
El juicio por el caso Wikileaks, sin embargo, aún no ha concluido. Tras la lectura del veredicto, el miércoles dará comienzo la fase procesal para determinar el contenido concreto de la sentencia y establecer la pena definitiva que deberá cumplir Manning, un proceso que, debido al número de testigos llamados a declarar por la defensa y la acusación se prolongará a lo largo de todo el mes de agosto.
Manning se declaró culpable a principios de febrero de 10 delitos menores por los que únicamente se enfrentaría a una pena de 20 años de cárcel. No obstante la Administración fue más allá y presentó el cargo de ayuda al enemigo, remontándose a un caso de la Guerra de Secesión en la que un soldado fue encontrado culpable de ese delito tras filtrar información a un periódico de Alexandria (Virginia) y condenado a tres meses de prisión.
Lind, con fama de prudente, no ha admitido el argumento de la acusación de que la publicación de documentos secretos en Internet, no sólo es un delito contra el código militar y la Ley de Espionaje, sino una forma de ayudar al enemigo que tiene acceso de manera franca a la red. La juez sí considera a Manning culpable de robar documentación confidencial pero no cree que publicarla en la web pueda auxiliar a las naciones y grupos hostiles a EE UU, lo contrario hubiera sentado un serio precedente para el periodismo de investigación ya que el veredicto podría haberse aplicado a cualquier otra información secreta colgada en la web otros medios de comunicación.
A la magistrada tampoco le han convencido los alegatos de la defensa del soldado que se ha esforzado en presentarlo como un joven idealista que solo quería provocar un debate en la sociedad. El letrado de Manning, David Coombs, procuró restar importancia a los efectos de las filtraciones para el aparato de inteligencia de EE UU, asegurando que éstas apenas pusieron en riesgo la seguridad nacional.
Durante el proceso, la fiscalía ha tratado de presentar a Manning como un traidor que fue consciente en todo momento de que con sus filtraciones a Wikileaks ponía en peligro la seguridad de EE UU favoreciendo de manera indirecta a Al Qaeda y otros grupos terroristas. El fiscal Ashden Fein insistió en que en la guarida de Osama Bin Laden en Abbotabad (Pakistán) se encontraron cables filtrados por Manning e incluso lo responsabilizó de desencadenar la Primavera Árabe en Túnez. “Siempre supo que cediendo la información a Wikileaks ésta llegaría al enemigo porque sabía que el enemigo se servía de Wikileaks”, señaló durante su turno de alegatos finales.
La defensa alertó sobre la argumentación del Pentágono al advertir de que concluir que las filtraciones a Wikileaks constituían un delito de ayuda al enemigo, disuadiría a quienes quisieran delatar conductas inapropiadas del Gobierno a través de medios de comunicación que pudieran acabar en la red. “Ese cargo es militar pero nos afecta a todos”, declaró el lunes a la cadena CNN Julian Assange, el fundador de Wikileaks. La web calificó el martes de “extremado” el veredicto de la juez. La reputación y el carácter del portal de filtraciones han sido uno de los asuntos más controvertidos que han centrado los dos meses de testimonios entre la defensa y la acusación.
Los abogados de Manning han tratado de equiparar Wikileaks con cualquier otro portal de información, cuya función de servicio público es incompatible con la acusación de ayudar al enemigo, insistiendo en que “no difiere” de EL PAÍS o del resto de medios que también publicaron a través de sus páginas web cables del Departamento de Estado y vídeos e información de las guerras de Afganistán e Irak filtrados por Manning. La fiscalía, sin embargo, presentó tuits publicados por Wikileaks en los que solicitaba información clasificada como prueba de que su único propósito era filtrar secretos de los Gobiernos y no informar.
En la nueva fase que se inicia, la fiscalía tratará de presionar a la juez para que imponga la máxima pena al soldado, mientras que la defensa procurará enfatizar los problemas psicológicos de Manning, que se agravaron cuando, con 21 años, fue destinado a Irak. El veredicto de ayer aleja del punto de mira de la Justicia estadounidense a Assange, si bien la sentencia final sí será seguida con atención por Edward Snowden, el último en incorporarse a la lista de ilustres filtradores de EE UU, que también está acusado de cargos de espionaje.
Fuente: El País.
Las mujeres saudíes tienen piernas. Y rostro. Acostumbrados a verlas cubiertas de la cabeza a los pies, con esos sayones negros que ocultan su feminidad y las hacen parecer todas iguales, las imágenes que acompañan este reportaje resultan sorprendentes. Muestran una normalidad intuida, aunque rara vez vista; una intimidad que casi parece robada y solo es posible gracias a la complicidad de las retratadas con la fotógrafa. Aunque sea a medias. Las chicas ocultan la cara; no quieren ser identificadas. En una sociedad donde la conformidad se valora por encima de todas las cosas, resulta difícil singularizarse. Pero algo se está moviendo.
Si hay un país en el que las mujeres se hayan convertido en símbolo tanto de la opresión como del cambio, es Arabia Saudí. El mayor productor y exportador de petróleo ocupa el puesto número 131, entre 135 países, en el último Informe sobre disparidad de género del Foro Económico Mundial, publicado el año pasado. Los derechos de la mujer son ignorados por una retrógrada interpretación del islam y usos culturales sin parangón en el resto del mundo. Sin embargo, la escolarización de las saudíes y su creciente acceso a la Universidad (al menos el 58% de los matriculados son chicas), así como las nuevas tecnologías de la comunicación, han abierto una brecha entre la realidad y sus expectativas.
Con el 64% de sus 19,4 millones de nacionales por debajo de los 30 años (y un 12% de ellos entre los 12 y los 16), Arabia Saudí afrontará en los años próximos la mayor explosión de juventud de su historia.
“Aunque solo sea por su número, los jóvenes saudíes van a cambiar de forma significativa el reino en las próximas dos décadas”, asegura Caryle Murphy, que acaba de publicar A kingdom’s future: Saudi Arabia through the eyes of its twentysomethings (El futuro de un reino: Arabia Saudí vista por sus veinteañeros). Muchos chicos apoyan la mayor participación de las mujeres en la sociedad. No obstante, la periodista, que ha vivido tres años en ese país, expone en un e-mail que “las chicas tienen mayores aspiraciones que ellos a librarse de ataduras y alcanzar una mayor libertad personal”.
En arabia saudí, al menos el 58% de matriculados universitarios son mujeres
Tomemos el ejemplo de las jóvenes captadas por la cámara de Olivia Arthur. Se trata de un grupo de aficionadas a la fotografía a las que Arthur dio un cursillo en Yeddah en 2009. Desde el primer momento le sorprendió que “las chicas cogían cualquier cosa para cubrirse la cara o el pelo si un hombre se presentaba de repente” en el aula. Era el mismo “sentimiento de miedo” que había percibido cuando intentaba fotografiar a alguna mujer en la calle. “Hubo tantas ocasiones en las que la cámara estaba prohibida…”, lamenta en Jeddah diary, el libro de fotos que publicó tras su paso por esa ciudad de la costa saudí del mar Rojo.
“Es una cuestión cultural”, le explicaron. La misma que impedía que las fotos que sus alumnas se tomaban entre ellas pudieran mostrarse fuera de la “burbuja femenina” en la que se movían. Poco a poco, Arthur se ganó su confianza y pudo captar algunos momentos de sus vidas cotidianas, su diversión o su descanso (aunque no una boda). Aprendió así que “todo sucede fuera del alcance de la vista, detrás de los muros”, como los que protegen las piscinas de las villas o de los trozos de playa de los clubes privados que retrató. Sin embargo, tuvo que comprometerse a no exponerlas, a preservar su anonimato. Por eso recurrió al truco de volver a fotografiar las copias originales bajo una luz brillante que ocultara sus rasgos.
Para entender lo inusitado de esas imágenes, basta constatar que el presente curso académico es el primero en el que los libros de texto saudíes incluyen fotos de mujeres. Ha sido en los manuales de inglés de secundaria y de forma experimental, a la espera de que al concluir el año escolar los responsables educativos den su visto bueno. Y a pesar del paso que significa que se las muestre en entornos escolares y laborales, todas salen con la cara cubierta. Hasta ahora, el sistema público de educación solo permitía representar a las mujeres con dibujos. Sí, estaba prohibido que aparecieran en las fotografías de los manuales.
¿El motivo? El mismo por el que se emborronan las siluetas femeninas en las revistas extranjeras o en los envases de productos importados, como el de la piscina hinchable que fotografió Arthur. O el que está detrás de la estricta segregación de sexos que, con la excusa del islam, impera en la sociedad saudí. A los ultraconservadores líderes religiosos, que son uno de los pilares de la monarquía absoluta que gobierna el país, les gustaría que las mujeres fueran invisibles. Pero si ocultar a la mitad de la población siempre ha resultado difícil, en estos tiempos de Internet, móviles y redes sociales constituye misión imposible.
Las chicas tienen mayores aspiraciones que ellos a librarse de ataduras
Arabia Saudí ha dejado de ser una sociedad cerrada. Según el Informe sobre redes sociales de la Dubai School of Government, los saudíes encabezan la lista de usuarios de Twitter en el mundo árabe con 393.000 cuentas activas en 2012, el triple que el año anterior. En Facebook hay 5,8 millones registrados. Esas ventanas al exterior les están haciendo más curiosos y preguntones. Y muchos de ellos son mujeres que han encontrado en el ciberespacio un aliado inesperado para saltarse las restricciones sociales de esos clérigos ultramontanos que las quieren en casa y con la pata quebrada.
“Internet ha abierto muchas posibilidades para las jóvenes saudíes al permitirles ver cómo viven otras mujeres musulmanas. Ha agrandado su conocimiento de la realidad. Como resultado, sus aspiraciones profesionales y de participación en la vida púbica han aumentado exponencialmente”, señala Murphy. En su opinión, “esas aspiraciones van a seguir creciendo y sus exigencias de igualdad de oportunidades con los hombres en el trabajo, la familia y la esfera pública van a convertirse en importantes motores de cambio económico y social”.
De momento hay cuatro millones de mujeres saudíes preparadas y dispuestas a trabajar, según reveló Alfat Qabbani, una de las vicepresidentas de la Cámara de Comercio e Industria de Yeddah, durante el sexto Foro de Mujeres Empresarias reunido en Riad el pasado octubre. Las que trabajan no llegan al 10%. Esas cifras ponen en evidencia la disfuncionalidad de una sociedad que pone trabas al empleo de la mitad de su población mientras tiene que recurrir a ocho millones de trabajadores extranjeros para funcionar.
Además, las redes sociales se han convertido en una poderosa herramienta para el movimiento de emancipación femenina. “Han sido clave en mi trabajo a favor de los derechos de la mujer”, admite Manal al Sharif, la activista que en 2011 lanzó una campaña contra la prohibición de conducir y fue encarcelada durante nueve días por ponerse al volante. “Sin YouTube, Twitter y Facebook no hubiéramos llegado tan lejos. En Arabia Saudí no hay tribunas. No hay lugares desde los que difundir las ideas de cada uno. Así que resulta extraordinario disponer de esos medios”, reconocía durante la última reunión del foro social del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
La escolarización de las saudíes y las nuevas tecnologías han abierto una brecha entre la realidad y sus expectativas. En la imagen, la colección de zapatos de una mujer. / OLIVIA ARTHUER (MAGNUM PHOTOS)
Al Sharif y el eco que esa campaña tuvo de una costa a otra de su país son un ejemplo de que sobre todo las jóvenes cada vez están más hartas de las sofocantes restricciones que les imponen sus familias y la sociedad. Sin embargo, sus principales quejas no son ni la obligación del velo ni la prohibición de conducir, que obsesionan a los occidentales.
Como en el resto de las monarquías de la península Arábiga, la abaya, ese sayón negro con el que ocultan las formas de su cuerpo, es en igual medida una imposición social y un signo de distinción frente a las extranjeras. En cuanto a ponerse detrás de un volante, existen opiniones contrapuestas. Incluso entre las liberales que lo defienden como paso hacia una mayor independencia, las hay que temen que solo sirva para que sus maridos se desentiendan de las responsabilidades familiares y carguen sobre ellas todo el peso de llevar a los niños al médico, hacer las compras o visitar a los parientes.
Las saudíes se muestran más preocupadas por la ausencia de leyes, en especial de un estatuto civil, y la falta de igualdad de oportunidades en la educación y el trabajo. Pero sobre todo denuncian el sistema de tutela masculina que las hace depender de un mehram, guardián o custodio legal.
Por primera vez, los libros de texto incluyen en este curso fotos de mujeres
“He superado los 50, soy médica y han pasado por mis manos miles de pacientes, pero aun así necesito el permiso de un guardián para ir a una convención médica”, se queja en Twitter Samia al Amoudi, una doctora que ha liderado las campañas de concienciación contra el cáncer de mama en el mundo árabe y ha sido premiada internacionalmente por su labor.
Sus palabras reflejan la impotencia, agravada además porque al estar divorciada quien responde por ella es… su hijo. La tutela que primero corresponde al padre y luego al marido. También puede recaer, ante la ausencia de estos, en un hermano, un hijo u otro hombre de la familia con el que la relación familiar haga imposible el matrimonio. Una mujer saudí no puede tomar ninguna decisión en su vida –estudiar, trabajar, casarse, obtener un pasaporte o viajar– sin el permiso escrito de ese varón, lo que supone que se la trata como una menor de edad durante toda su vida.
“Para el estamento religioso, este sistema es como su castillo; si lo pierden, pierden su control sobre las mujeres”, interpreta Al Sharif. Ella insiste en la importancia de que “las mujeres conozcan sus derechos y ellas mismas actúen”. “Mi esperanza es que alcancemos la plena ciudadanía, lo que se traduce en igualdad en la educación y en las oportunidades de trabajo. Debemos tener voz en la vida política y en la toma de decisiones”, resume la activista.
En una monarquía absoluta, donde no hay elecciones, ni partidos, ni sindicatos, pedir participación política resulta un objetivo mucho más ambicioso que la mera emancipación. De ahí el temor de los conservadores y que los ulemas equiparen cualquier relajo de las estrictas normas sociales imperantes con una afrenta a la identidad cultural islámica del país. Eso explica que los mismos clérigos que prohibieron las protestas contra el régimen en los albores de la primavera árabe se hayan manifestado recientemente ante el palacio del rey Abdalá para protestar por su decisión de nombrar a 30 mujeres entre los 150 miembros del Consejo Consultivo (Shura), una cámara sin poderes legislativos.
De ahí también la actitud ambivalente de los gobernantes cuyos mensajes son interesadamente contradictorios. Se educa a las mujeres, pero se dificulta su acceso al trabajo. Tienen prohibido conducir, pero el Ejército contempla crear una unidad de mujeres soldados. El rey las incluye en la Shura, pero el debate sobre cómo mantener la segregación dentro de la cámara eclipsa en gran medida el anuncio.
Más allá de las palabras, los responsables saudíes evitan convertir los derechos de la mujer en una prioridad, sobre todo cuando ponen en peligro sus alianzas y lealtades. El caso de su participación en los últimos Juegos Olímpicos es un buen ejemplo. Desde la convocatoria de Pekín, en 2008, el Comité Olímpico Internacional había presionado a Arabia Saudí para que incluyera a mujeres atletas en su equipo, algo a lo que se oponían los ulemas con la excusa de que fomenta la interacción entre personas de distinto sexo. Finalmente, el Gobierno aceptó que asistieran una corredora y una yudoca, pero las excluyó de la delegación oficial. Así, cuando algún periodista extranjero plantea el asunto, sus portavoces contestan que no se oponen a su presencia en eventos deportivos. Sin embargo, dentro del reino subrayan que asistieron por su cuenta. De esa manera se quitan la presión de encima sin hacer mucho en realidad para resolver el asunto.
Incluso las mujeres conservadoras quieren más oportunidades
Esa falta de determinación resulta especialmente perniciosa para las más vulnerables, las hijas de familias pobres. Persiste la costumbre de casar a las niñas con hombres acomodados y, en general, mayores, y las autoridades se muestran incapaces de fijar una edad legal mínima para el matrimonio, algo a lo que, por supuesto, se oponen los clérigos más reaccionarios. A pesar del avance en la educación de las mujeres, en las zonas rurales muchas abandonan la escuela al llegar a la pubertad. De enero a noviembre del año pasado se registraron 5.622 bodas de niñas menores de 14 años, según un estudioso de los servicios sociales citado por el diario saudí Al Hayat. La práctica, asociada con países subdesarrollados como Yemen o Afganistán, es sin duda más grave en un país con los recursos de Arabia Saudí.
“La cuestión de los derechos de las mujeres se ha convertido en un asunto político”, afirma la columnista Badria al Bishr. Una forma de decir que esos derechos se sacrifican para ganar apoyo de los extremistas religiosos con los que la monarquía se ha alineado en busca de legitimidad desde la fundación del reino a principios del siglo XX. Las activistas saudíes aseguran que los extremistas no representan a toda la sociedad. Arabia Saudí, el único país del mundo que lleva el nombre de la familia real (algo así como si España se llamara Borbonia), es mucho más diverso, pero los ultraconservadores han logrado convertirse en las figuras más influyentes en la toma de decisiones; al menos, un grupo de presión al que los gobernantes evitan contrariar.
Surgen así las sucursales bancarias solo para mujeres, la segregación en restaurantes y cafeterías, las entradas separadas en los ministerios, las clases por videoconferencia a las universitarias cuando los profesores son varones, y otras excentricidades que en buena medida solo son posibles por la riqueza fácil que ha generado el petróleo y que tienen poco que ver con la realidad anterior en la península Arábiga.
¿Hasta cuándo? ¿Hasta que se acabe el petróleo? ¿O hasta que los vientos de la primavera árabe alcancen el Reino del Desierto? Tal vez solo hasta que se produzca el relevo generacional que anuncia Murphy. Las decenas de entrevistas a jóvenes que la autora llevó a cabo para su libro reflejan que la mayoría prefiere el cambio gradual, la evolución antes que la revolución, en especial tras haber visto el caos, el derramamiento de sangre y los problemas económicos que se han desatado en Egipto, Bahréin, Yemen o Siria. En cualquier caso, como asegura a El País Semanal, “las exigencias de las mujeres van a ser uno de los principales motores de cambio social y cultural en el futuro; incluso las mujeres conservadoras quieren más oportunidades”.
Entre tanto, ocultas bajo el negro de sus velos, muchas saudíes siguen sintiéndose como piedras preciosas “a las que hay que guardar lejos de la vista para mantenerlas seguras”. Es lo que le dijeron a Arthur, la fotógrafa. Sin embargo, al mismo tiempo le permitieron retratarlas en un acto de reafirmación de su identidad. Otras, como Al Sharif o Al Bishr, ya están reclamando su autonomía y luchando para dejar de ser ciudadanas de segunda.
Fuente: El País. Angeles Espinosa.
Con multitudinarios y coloristas desfiles al más puro estilo comunista, Corea del Norte ha conmemorado durante toda esta semana el 60 aniversario del fin de la guerra que le enfrentó con el Sur y con Estados Unidos, que se cumple este sábado y celebra como si hubiera ganado la contienda cuando en realidad quedó en tablas. Para el «Día de la Victoria», el régimen estalinista de Pyongyang ha invitado a algunos dirigentes extranjeros como el vicepresidente de China Li Yuanchao, quien se reunió el jueves con el joven dictador norcoreano, Kim Jong-un, y visitó las tumbas de los soldados de su país que lucharon en la guerra para ayudar a uno de los principales aliados históricos de Mao Zedong.
En Pyongyang hay cada vez más coches y más móviles (pero sin internet)
Además de conceder un mayor número de visados para turistas, Corea del Norte ha permitido la entrada de varios grupos de periodistas, sobre todo de televisión, para deslumbrarlos con los actos programados y con la nueva cara que luce Pyongyang, donde cada vez hay más coches y más móviles (pero sin internet). Entre las celebraciones destacan el desfile militar de hoy sábado y los Juegos de Gimnasia Masiva Arirang, una especie de ceremonia olímpica de la propaganda del régimen que sólo es posible en Corea del Norte. Mientras compañías de acróbatas y bailarines escenifican de forma sincronizada espectaculares coreografías en el gigantesco Estadio Primero de Mayo, miles de personas dibujan con carteles murales propagandísticos que ocupan totalmente una de sus gradas. Un espectáculo asombroso, tal y como pudo comprobar este corresponsal en 2007, pero también la más clara metáfora de la megalomanía del siniestro régimen norcoreano, que acaba reduciendo a sus ciudadanos a un diminuto píxel para solaz de sus dirigentes e invitados.
Al margen de dichas imágenes, hay otras que reflejan mucho mejor la cruda realidad del país pero que, precisamente por eso, la propaganda no quiere enseñar. Como pudo ver este corresponsal durante su segundo viaje a Corea del Norte el pasado mes de abril, es el caso de las brigadas ciudadanas que, formadas incluso por niños, trabajan en las carreteras con rudimentarias herramientas de madera o hasta acarreando piedras con las manos. Mientras los campesinos aran la tierra con bueyes por falta de tractores o de gasolina, los altos cargos del Partido de los Trabajadores y del Ejército viajan en Mercedes, Audis A4 y Volkswagen Passat traídos de China burlando las sanciones de la ONU contra los ensayos nucleares de Corea del Norte. Es la misma ruta que siguen la carne de Australia congelada, las latas de Pepsi-Cola y el coñac Hennessy que se vende a 250 euros al cambio no oficial en algunos supermercados para la élite del régimen.
El sueldo medio de los funcionarios estatales es de 3.000 won al mes (15 euros)
Al cambio oficial, el sueldo medio de los funcionarios estatales es de 3.000 won al mes (15 euros) y, según la lógica comunista, debería bastar para adquirir los productos básicos subsidiados por el Gobierno, que cada mes entrega a los empleados públicos 14 kilos de arroz y 28 a los oficiales del Ejército. Pero en los últimos años se ha impuesto la economía de mercado por la entrada de divisas y todo tipo de artículos importados de China, que se comercializan abiertamente a precios astronómicos en tiendas y supermercados. Como consecuencia, ha florecido un mercado no oficial, pero real, que cambia el euro a unos 8.000 won. En el Almacén Número 1 de Pyongyang, eso es lo que cuesta una bolsa de detergente. Pero también algo menos de lo que vale una Coca-Cola en la cafetería Pyolmuri, donde los comensales dan buena cuenta de sus raciones de gambas, pizzas y vino tinto con el pin de los Kim en la solapa y paquetes de Marlboro y Camel sobre la mesa.
Sobornos
En cuanto el régimen de Kim Jong-un ha abierto un poco la mano en lo económico, el dinero ha encontrado su modo de abrirse paso, ya sea gracias a las divisas que envía el medio millón de norcoreanos emigrantes en Japón o con los sobornos a los funcionarios y oficiales del Ejército, que controlan todos los negocios. «Sólo con sus salarios, los funcionarios no pueden sobrevivir ni tener móviles, así que aceptan sobornos», nos explica por correo electrónico desde Seúl Jung Gwang Il, un antiguo militar que trabajaba en una empresa estatal y desertó a China, y luego a Corea del Sur, tras pasarse tres años en un campo de reeducación.
En una tienda frente a la estación de Pyongyang también hay ordenadores portátiles Sony a 850 dólares y pantallas de televisión Sanyo a 380, un lujo inalcanzable para las mujeres que lavan la ropa en los ríos y los campesinos de las cooperativas estatales, que ahora pueden cultivar verduras en los patios de sus casas y venderlas en los mercados locales. Con el dinero logrado, y dando un tímido paso hacia el capitalismo, compran otros productos que luego revenden en sus pueblos. Aunque sus movimientos están controlados por los puestos del Ejército, que les impiden salir de su distrito y viajar a otras ciudades, un hormiguero humano pulula por los arcenes acarreando pesados bultos sobre sus espaldas o en sus bicicletas, que se han convertido en el nuevo vehículo del pueblo como hace medio siglo en la China de Mao. Tampoco faltan quienes transportan fardos de leña para calentarse con hogueras por falta de electricidad, reducida a unas pocas horas al día pese a los fuegos artificiales con que Corea del Norte celebra el 60 aniversario del fin de la guerra como si la hubiera ganado.
Fuente: ABC. Pablo Díez.
Peter Earnest se encontraba en Japón con las fuerzas de ocupación estadounidenses cuando recibió una llamada de la CIA. Corrían los años 50 y nadie tenía muy claro a qué se dedicaba esta nueva organización nacida de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. “No habían salido todos esos libros ni películas y sólo sabía que tenía que ver con la Unión Soviética y la preocupación por el avance del comunismo”.
Durante los siguientes 36 años, Earnest trabajó en medio mundo para la que se convirtió en la agencia de Inteligencia más famosa y temida del planeta. Se infiltró en misiones secretas, actuó como espía doble y dirigió operaciones de trascendencia histórica. Acabó ocupando cargos directivos en Washington hasta que fue nombrado portavoz de la agencia. Cuando se cansó, lo dejó y hoy dirige el Museo del Espía, único en su género y en el que cientos de miles de visitantes aprenden cada año que muchos de los artilugios de las películas de James Bond fueron utilizados alguna vez por espías de carne y hueso.
Pregunta- ¿Cómo es la vida de un espía?
Respuesta- La mayor parte del tiempo lo pasas reuniéndote con gente y recopilando datos y testimonios. En muchos casos es información que te cuentan de manera voluntaria, otras veces se busca gente dispuesta a ofrecerla. Creo se trata de un trabajo muy parecido al de un periodista de investigación. Se trata de conseguir fuentes, de proteger tus fuentes y de ir llegando cada vez más cerca de lo que estás buscando. Hasta que lo tienes.
P- Las últimas revelaciones de (Edward) Snowden apuntan a que las embajadas de países aliados son también objeto de espionaje. ¿Ustedes también espiaban a diplomáticos de países aliados?
R- Yo me dedicaba básicamente a ofrecer apoyo en la lucha contra el comunismo, que estaba creciendo por todo el planeta. Había una enorme preocupación por la Unión Soviética, cuyo derrumbe me pilló años después en un despacho, en una jornada surrealista. Nosotros estábamos intentando saber qué hacían y qué planeaban los comunistas. A eso me dedicaba.
P- Ahora no se habla de comunismo, sino de terrorismo, pero eso no explica por qué se espía a Gobiernos aliados…
R- Ten en cuenta que yo ya no trabajo para el Gobierno de Estados Unidos y no puedo hablar en su nombre. Sí que intento entender su postura. Esto que dices ha sido una de las grandes críticas que se han hecho estos días y realmente no tengo una respuesta para ello. Mi opinión personal es que, cuando se habla de espionaje, en realidad se está hablando de ‘metadatos’, es decir, lo que están buscando son números de teléfono y conexiones, pero no están realmente escuchando lo que dice la gente en sus conversaciones.
P- Durante la Guerra Fría la imagen del espía era James Bond, con sus trajes impecables y su vodka-martini agitado, que no revuelto. ¿Hoy qué deberíamos imaginarnos? ¿Un ingeniero informático pegado a un ordenador con una botella de Coca-Cola de dos litros?
R- Yo fui espía durante la Guerra Fría, en la época de James Bond. Si hablas con gente del sector que sigue dentro, ellos dicen que el espionaje humano, las personas implicadas en la Inteligencia, son tan importantes como lo eran antes. Los agentes y sus fuentes siguen siendo esenciales. Es verdad que la tecnología está avanzando mucho y se utilizan cosas muy útiles como los detectores biométricos, pero aún así… De hecho, una de las principales autocríticas que se hace el sector hoy en día es que en conflictos recientes, como Irak o Afganistán, se ha dejado un poco de lado el espionaje tradicional, que requiere reclutar más fuentes, etcétera.
P- ¿Entonces, sí hay agentes hoy que trabajan igual que los de antes?
R- Yo creo que no ha cambiado demasiado. Hacen lo mismo que hacía yo. Tienen que tener un nivel de educación más alto seguramente, sobre todo en términos de tecnología, el uso de computadores y todo lo demás, pero no creo que hayan cambiado demasiado.
P- ¿Eso incluye infiltrarse de incógnito en otros Gobiernos como hacía usted, por ejemplo?
R- Sí, pero ahora todo se está haciendo más difícil. Es cada vez más difícil atravesar fronteras sin ser descubierto. También la vigilancia electrónica es más difícil por la tecnología actual, la fibra óptica, por los códigos comerciales, el software encriptado, etcétera. “El espionaje ha crecido mucho en el sector privado”
P- ¿Y se espía más ahora que durante la Guerra Fría?
R- Creo que el espionaje ahora está más globalizado. Ha crecido mucho, particularmente en el sector privado. Las compañías intentan robar los secretos de sus competidoras o de otras compañías, intentan piratear sus sistemas, y demás. Creo que hay más espionaje que en la Guerra Fría porque se ha extendido mucho al sector privado, ya no son sólo los Gobiernos. Los países que espiaban en la Guerra Fría todavía lo hacen, pero creo que el sector privado ha tomado protagonismo y que están pasando muchas más cosas en ese campo.
P- El Gobierno estadounidense dice que todos los Gobiernos espían, ¿pero algunos más que otros, no?
R- Si hablamos de espionaje en grandes términos, en términos de recopilar información que sea del interés de tu país, (…) todos los países del mundo en mayor o menor grado lo hacen. Aunque algunos países más grandes como Estados Unidos quizá tienen estructuras más eficaces para hacerlo… y más recursos.
P- ¿Y después de Estados Unidos quién es el siguiente? ¿China, Rusia…?
R- Es difícil decirlo, pero creo que China. Aunque hay gente que asegura que aún hay muchos espías rusos en Estados Unidos. Los rusos siempre han sido muy activos robando tecnología y hoy más que nunca con la globalización de la tecnología.
P- ¿Y España? Usted trabajó mucho en Europa. ¿Sabe algo de nuestros servicios de espionaje?
R- Si te soy sincero, no tengo ni la más remota idea de cómo puede ser el espionaje en España. Por lo que he oído el país está en un momento de austeridad extrema. Francamente, me sorprendería mucho que España tuviese dinero ahora mismo para realizar actividades de Inteligencia fuera del país.
P- ¿Viene más gente a su museo desde que se desató el caso Snowden?
R- Quizá sí, pero es un poco pronto para decirlo. Aquí viene siempre muchísima gente, y más ahora que es temporada alta. Sí es verdad que los grupos que vienen preguntan por Snowden.
“Los americanos no están sorprendidos por las revelaciones de Snowden”
P- ¿Y usted que les responde?
R- Déjeme decirle que, al menos los que visitan el museo, no están sorprendidos por las revelaciones de Snowden. La gente en este país asume que desde el 11 de septiembre hay una mayor vigilancia de la comunicación electrónica. No hemos visto una reacción muy fuerte, de hecho.
P- Las encuestas hasta ahora dicen que los estadounidenses ven con simpatía a Snowden.
R- Bueno, yo creo que mucha gente considera el 11 de septiembre como un fallo de Inteligencia porque no se pudo prevenir. Por eso ha habido mucha presión no sólo por parte de la ciudadanía, sino también del Congreso y las agencias de Inteligencia, que han exigido más eficiencia, más recursos, más analistas, más personal, etcétera.
P- Pero desde la luz de su experiencia, ¿qué opinión le merece Edward Snowden? ¿Es un ingenuo como han dicho algunos colegas suyos?
R- Es innegable que es un tipo valiente, pero claramente ha violado la ley. Ha robado secretos y ha incurrido en delitos. Sin duda, los secretos que ha expuesto están siendo revisados con mucho cuidado por Al Qaeda y otras personas implicadas en redes terroristas. Creo que es saludable tener una discusión pública sobre cómo funciona la Inteligencia, pero bajo ningún concepto puedo aprobar lo que hizo Snowden.
P- ¿Había otra forma de hacerlo?
R- Creo que hay maneras mejores de hacer las cosas que robando secretos de un país y tirándolos en mitad de la alfombra del mundo. Tampoco creo que haya hecho nada bueno buscando asilo político en algunos de los países más represivos que existen, comoChina, Venezuela o Cuba. Estos países no son precisamente conocidos por preocuparse por los derechos civiles.
P- ¿Cree que toda la información ha acabado en manos de los servicios rusos y chinos?
R- Mi opinión es que toda la información que tiene Snowden, todo lo que tenía valor en sus ordenadores, ya ha sido descargado por los rusos y los chinos, sí. No se tarda nada en hacerlo y es sencillo de realizar. Además, va repartiendo por todos lados. Se la ha dado a periodistas de The Guardian, pero también del Washington Post. Y creo que vamos a ver más cosas en los próximos días.
P- ¿Corre peligro su vida?
R- No creo. A este punto creo que el Gobierno estadounidense va a garantizar su seguridad porque ya estamos en un punto en el que, si algo le pasa, todo el mundo va a pensar que ha sido la CIA. Es verdad que hay mucha gente que condena lo que ha hecho y que él está actuando como un acróbata andando por un cable suspendido un abismo, pero no creo que su vida esté en riesgo ni creo que nadie en el Gobierno estadounidense esté pensando en asesinarlo.
P- ¿Hay algo del caso Snowden que le haya sorprendido? ¿Ha aprendido algo que no supiera leyendo sus revelaciones?
Bueno, creo que nadie sabía exactamente cómo de masiva era la cobertura de la inteligencia electrónica y de los programas de la NSA. Y creo que todavía sigue habiendo confusión sobre qué hacen exactamente esos programas, qué conversaciones se escuchan, con qué propósitos. También me resulta sorprendente el currículum de Snowden, que ni siquiera acabó sus estudios pero que consiguió un trabajo de responsabilidad y un salario tan alto. En la Inteligencia estadounidense ahora mismo hay gente que se está preguntando seriamente cuáles son los requisitos para el ingreso.
Fuente: El Confidencial
El destino de Edward Snowden se ha convertido en un juego diplomático en el que se cruzan importantes intereses estratégicos de varios países, pero sobre todo de las dos grandes potencias nucleares, Estados Unidos y Rusia. La posibilidad creciente de que el ex-analista de la NSA acabe en Venezuela, un aliado de Moscú y uno de los más ostentosos rivales de Washington, ha hecho ese juego más evidente y delicado.
Después de un arranque de apariencia inocente y romántica, el caso Snowden ha ido evolucionando hacia un complejo problema político ante el que cada Gobierno se está viendo obligado a tomar partido, lo quiera o no. El episodio del avión de Evo Morales, al que cuatro naciones europeas impidieron aterrizar ante la mera sospecha, probablemente trasladada por funcionarios norteamericanos, de que podría transportar al joven espía, demostró que, pese a las declaraciones para la galería, los aliados europeos sabían dónde situarse cuando la situación exigía una clara demostración de lealtad.
Esa reacción fue un ejemplo de hasta qué punto el caso Snowden refleja el mundo tal y como es, sin la retórica que se usa en las conferencias internacionales. Y una de las manifestaciones de esa realidad es la tensión entre EE UU y Rusia.
El presidente ruso, Vladimir Putin, puso tales condiciones para conceder el asilo a Snowden –unas hechas públicas, otras, quizá no- que éste tuvo que renunciar a esa opción. Se abrieron entonces una serie de posibilidades que, poco a poco, se iban cerrando, por la presión de EE UU, por dificultades técnicas y, sobre todo, por la escasa voluntad de la mayoría de los países de meterse en problemas con Washington. Al mismo tiempo, experto en los entresijos de la inteligencia como es, Putin sabía que, mientras estuviera bajo su jurisdicción, en el aeropuerto de Moscú, Snowden representaba una baza con la que ganar notoriedad e influencia.
La entrada en escena de Venezuela le da esa oportunidad. Rusia ha ido profundizando sus relaciones con Venezuela de forma constante desde la llegada al poder de Hugo Chávez. Bajo la conducción personal de Igor Sechin, un antiguo y estrecho aliado de Putin, experto en América Latina y actual presidente de la empresa estatal de petróleo, Rosneft, ha desarrollado numerosos proyectos de cooperación en Caracas, desde el ámbito militar al energético. Durante muchos años, Sechin ha sido un frecuente visitante de Venezuela; la última vez, en mayo pasado.
El sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, lastrado desde el principio por las dudas sobre su legitimidad, tiene aún hoy serios problemas para estabilizarse en el poder frente a las divisiones internas del régimen y la mala situación económica. Entre las alternativas que el Gobierno venezolano ha explorado para superar esa situación está la de un acercamiento a Washington, lanzado en meses recientes con buena receptividad por el ministro de Relaciones Exteriores, Elías Jaua.
Esa aproximación, que seguramente no despierta muchas simpatías en Moscú, donde Maduro estuvo hace 10 días, se vería completamente arruinada si Snowden desembarca en Caracas. Como le ha hecho ya saber EE UU, la concesión de asilo provocaría una respuesta norteamericana. Unido eso a la pérdida de influencia en América Latina –ni Brasil ni Colombia acudieron la pasada semana a la cumbre de respaldo a Morales-, con Snowden en Caracas, Rusia elevaría su papel como el socio inevitable de Venezuela. De forma incidental, Putin colocaría al exanalista de la NSA en el patio trasero de EE UU.
Pueden aún producirse otras combinaciones con otros protagonistas. El partido no está ya jugado. Pero lo cierto es que Snowden parece cada vez más un simple espectador. O un peón, si de ajedrez se trata.
Fuente: El País


